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Nociones sobre la nieve, los aludes y consejos de seguridad

Evolución del manto nival

La estabilidad del manto nival cambia porque éste evoluciona.

Efectivamente, en cuanto la nieve empieza a depositarse en la superficie del suelo, e incluso antes, comienza a transformarse debido a un conjunto de factores físicos muy relacionados con la meteorología.

Estas transformaciones no sólo se producen en situaciones de altas temperaturas y de fusión de nieve, si no también debido al viento, las bajas temperaturas, la insolación, etc. Bajo estos condicionantes los cristales de hielo modifican sus características iniciales de tamaño y forma.

Como resultado de las sucesivas nevadas y de los mencionados cambios tenemos un manto nival formado por diversas capas estratificadas.

Según las características de las sucesivas capas y la evolución general del manto, éste puede presentar menor o mayor inestabilidad y en caso de ser esta acusada puede desencadenarse un alud.

Cada estrato de nieve proviene de una nevada diferente. Los niveles de nieve superficiales corresponden a sucesivas nevadas con polvo del Sáhara. (Foto: Carles García)

Cada estrato de nieve proviene de una nevada diferente. Los niveles de nieve superficiales corresponden a sucesivas nevadas con polvo del Sáhara. (Foto: Carles García)

Los Aludes

Se entiende por alud el desprendimiento de una masa de nieve, de dimensiones y recorrido variable, en una pendiente.

Según el grado de cohesión y el estado físico de la nieve, el tipo de alud será diferente. Una clasificación sencilla es la que distingue tres tipos de aludes principales:

Aludes de nieve reciente

Se producen durante o poco después de intensas nevadas.
En este tipo de aludes pueden ser de nieve seca (cuando las temperaturas durante la nevada son netamente inferiores a los 0ºC) o de nieve húmeda (nevadas con temperaturas próximas a los 0ºC).

El desencadenamiento de un alud de nieve reciente se produce debido a una pérdida de cohesión de la capa superficial ya sea por sobrecarga o por un aumento de la temperatura durante o poco después de la nevada.
Los aludes de nieve seca se conocen también como aludes de nieve polvo que se producen durante las épocas más frías del invierno y que debido a su gran velocidad pueden llegar a ser muy destructivos.

Ver algunos ejemplos de aludes de nieve reciente

Aludes de fusión

Su origen radica en la fusión del manto nival cuando la temperatura del aire supera claramente los 0ºC o en caso de lluvia.
Son los típicos aludes de primavera, posiblemente los más conocidos, a pesar de que en ocasiones se pueden producir en pleno invierno en periodos de elevadas temperaturas.

Se caracterizan por una nieve húmeda y pesada. Su velocidad de desplazamiento es lenta aunque no por esto dejan de ser peligrosos. En ocasiones, puede verse involucrado todo el manto hasta llegar al suelo, arrastrando rocas, árboles, arbustos, etc. En este caso hablamos de aludes de fondo.

Ver algunos ejemplos de aludes de fusión

Aludes de placa

Se producen por la existencia de discontinuidades en el si del manto nivoso. El resultado es el deslizamiento de las capas superiores, aparentemente estables, sobre capas de baja cohesión o sobre superficies de rehielo.
Un caso particular de aludes de placa son las placas de viento, capas duras pero frágiles formadas por la acumulación de nieve transportada por el viento en zonas de barlovento. En general la existencia de cornisas de nieve son un indicio de la existencia de placas vertiente abajo, a pesar de que no se trata de una condición imprescindible. Las placas tienen un aspecto particular con un color blanco mate, de forma lenticular, en su paso por encima se emite un característico sonido  (parecido al chirriar) y los bastones de esquí o el piolet se clavan muy bien. Estos aludes suelen producirse en vertientes abiertas, sobretodo en zonas convexas, y a menudo por el paso de una persona.

La fragilidad de las placas y la desunión con las capas inferiores hacen que éstas actúen como trampa para excursionistas y esquiadores, el sobrepeso de los cuales al pasar por encima, actúa como factor desencadenante del alud.

Los aludes de placa son los que provocan más accidentes en este colectivo: el 70% de los accidentes son debidos a placas de viento (datos entre 86-87 y 96-97). Este tipo de aludes se pueden producir a lo largo de toda la temporada, siendo más peligrosos durante las épocas más frías del invierno.

Ver algunos ejemplos de aludes de placa  |  Vídeo de un alud de placa (1,86 MB)

Planificación del itinerario: la excursión empieza en casa!

Hay que planificar el itinerario antes de salir de casa. Los principales aspectos a tener en consideración son los siguientes:

  • Consulta del Boletín de Peligro de Aludes: estado del manto nivoso, peligro de aludes y tendencia.
  • Consulta de la predicción meteorológica: estado y evolución del tiempo.
  • Pensar el itinerario sobre un mapa, considerando las zonas de mayor peligro y adaptando el recorrido al grado de peligro previsto, considerar también la posibilidad de rutas alternativas.
  • Consultar las guías excursionistas de la zona así como personas que conozcan el territorio (guardas de refugio, por ejemplo).
  • Hay que adaptar la excursión a las dimensiones del grupo, la forma física y el nivel de técnico de los compañero, el material del que se dispone y su estado.

Antes de salir no hay que olvidar el material básico de seguridad para cada integrante del grupo: ARVA (aparato de búsqueda de víctimas de aludes), pala y sonda.

Hay que informar del itinerario a seguir a familiares, amigos o guardas de refugio, ya que en caso de accidente se facilitaría la búsqueda.

Antes de iniciar el recorrido pondremos en modo de emisión el ARVA a pesar de que tengamos la sensación de que no hay peligro.

Una vez sobre el terreno

En el transcurso de nuestro itinerario habrá que estar atentos a los elementos que puedan favorecer el desencadenamiento de aludes (estado del manto nivoso, características del terreno, evolución del tiempo). En todo momento hay que tener una opinión formada sobre los siguientes aspectos:

  • ¿El estado de la nieve es suficientemente estable o en cambio favorece la caída de aludes?
  • ¿El sector por el que se camina es una zona de aludes?
  • ¿El tiempo puede afectar a la estabilidad del manto? 
Material básico de seguridad. A la hora de efectuar una salida a la alta montaña invernal hay que llevar siempre un ARVA, una pala y unos bastones sonda. Recuerda que la vida de tu compañero puede estar en tus manos. (Foto: Carles García)

Material básico de seguridad. A la hora de efectuar una salida a la alta montaña invernal hay que llevar siempre un ARVA, una pala y unos bastones sonda. Recuerda que la vida de tu compañero puede estar en tus manos. (Foto: Carles García)

Observación del estado de la nieve

En caso de nevadas recientes hay que tener en cuenta:

  • Con 30-40cm de nieve reciente el peligro de aludes se centra en los pendientes más acusados.
  • Con 50-60 cm. de nieve reciente el peligro es generalizado y se recomienda no salir a la montaña.

A pesar de todo, factores como el viento, la temperatura ambiente y el estado de la nieve vieja, pueden hacer que, con tan sólo 10-20 cm de nieve reciente, la situación sea crítica. La profundidad de la nieve reciente la podemos controlar clavando el bastón hasta llegar a las capas más duras de nieve vieja.

 

Hay que detectar las capas inestables dentro del manto para controlar las posibles placas de viento. Clavando el bastón notaremos las capas inferiores más blandas que las superiores. Los ruidos sordos ("woum"), que a veces oímos bajo nuestros pies, son síntomas inequívocos de inestabilidad, así como fisuras en el manto. El aspecto regular y homogéneo de una sobreacumulación, el color blanco mate y los chirrios que se oyen al clavar el piolet o los crampones son indicios de la presencia de placas de viento.

La observación de caídas espontáneas de aludes durante la excursión, sean del tipo que sean, son una importante señal de alarma que no podemos ignorar.
En situaciones de calor, hay que controlar el grueso de la capa superficial de nieve húmeda. Cuanto más húmeda sea la nieve, más probables son los aludes de fusión. Clavando del bastón podremosmedir el grueso de la capa de nieve húmeda de baja cohesión.

Test del bastón. Con el bastón se pueden detectar capas inestables escondidas bajo capas más cohesivas. (Foto: Pere Oller)

Test del bastón. Con el bastón se pueden detectar capas inestables escondidas bajo capas más cohesivas. (Foto: Pere Oller)

Observación de las características del terreno

La pendiente: La mayoría de aludes se producen entre los 30 y 45º, por lo tanto en todo momento hay que tener en cuenta el intervalo de pendientes en el que nos encontramos. Ésta se puede medir de una manera sencilla con los bastones de esquí.

Orientación de la ladera: Hay que prestar atención a las laderas orientadas a sotavento (generalmente indicadas mediante cornisas) ya que son las que probablemente tendrán placas de viento. En caso de calor (especialmente en primavera y a partir de mediodía), habrá que evitar las solanas ya que son las vertientes con más probabilidad de aludes de fusión.

El relieve: Especial atención merecen las palas regulares y zonas convexas. Un terreno ondulado dificulta la formación de grandes aludes.

La vegetación: Mientras que un bosque denso es una zona segura, en un bosque clareado se pueden producir aludes.

Método sencillo para determinar la pendiente de una ladera. En la foto de la izquierda la inclinación es de 45º. En la foto de la derecha es de 30º. Las pendientes más peligrosas son las comprendidas entre 25º y 45º (entre el extremo superior y la mitad del bastón). (Foto: Montserrat Mases)

Método sencillo para determinar la pendiente de una ladera. En la foto de la izquierda la inclinación es de 45º. En la foto de la derecha es de 30º. Las pendientes más peligrosas son las comprendidas entre 25º y 45º (entre el extremo superior y la mitad del bastón). (Foto: Montserrat Mases)

La observación del tiempo

El tiempo meteorológico puede modificar rápidamente las condiciones de seguridad durante la travesía. Los elementos que habrá que controlar serán:

  • Precipitaciones: nieve o lluvia y su intensidad, por la sobrecarga que éstos puedan tener sobre  el manto.
  • Viento: fuerza y dirección (formación de placas) .
  • Temperaturas: actuales y evolución probable (fusión).
  • Visibilidad: Debe haber la suficiente como para elegir el itinerario más seguro.
  • Niebla: Con temperaturas positivas es una de las maneras más efectivas (incluso más que la lluvia) de humidificar el manto.

Ejemplos de como el viendo da indicios para detectar la formación de placas de viento

La formación de Altocumulos lenticulares se debe a vientos fuertes en cotas altas. Los vientos fuertes y moderados dan lugar al transporte de la nieve y a la formación de placas de viento. Val d'Aran. (Foto: Jordi Gavaldà)

La formación de Altocumulos lenticulares se debe a vientos fuertes en cotas altas. Los vientos fuertes y moderados dan lugar al transporte de la nieve y a la formación de placas de viento. Val d'Aran. (Foto: Jordi Gavaldà)

Los penachos de nieve que el viento arranca de las cimas se deposita a sotavento alimentando las placas de viento. Gra de Fajol (Pirineo oriental). (Foto: Carles García)

Los penachos de nieve que el viento arranca de las cimas se deposita a sotavento alimentando las placas de viento. Gra de Fajol (Pirineo oriental). (Foto: Carles García)

Trazado del recorrido

Hay que circular siempre por zonas seguras:

  • Por crestas y lomas donde dificilmente nos caerá un alud de más arriba.
  • Por zonas ventadas (situadas a barlovento), a pesar de que encontraremos menos nieve.
  • Zonas con relieve ondulado mejor que grandes pendientes.
  • El bosque proporciona anclajes al manto. Es preferible un bosque denso antes que un bosque clareado

Hay que evitar zonas potencialmente peligrosas:

  • Pendientes más abruptos y zonas convexas donde la tensión en el interior del manto nivoso es mayor.
  • Vertientes a sotavento, donde se pueden encontrar placas, un buen indicio es la presencia de cornisas

Contíuamente tendremos que estar atentos al estado de la nieve, el terreno sobre el que nos desplazamos, el tiempo meteorológico, el grupo y el horario.

Progresión por zona segura: cordal y zona venteada. Taga (Prepirineo). (Foto: Carles García)

Progresión por zona segura: cordal y zona venteada. Taga (Prepirineo). (Foto: Carles García)

Cornisa. Las cornisas suelen indicar la presencia de una placa de viento ladera abajo. (Foto: Joaquim Merlos)

Cornisa. Las cornisas suelen indicar la presencia de una placa de viento ladera abajo. (Foto: Joaquim Merlos)

Hay que progresar siempre por zonas seguras. El trazado del itinerario por lomas y cordales (indicado en verde) es siempre más seguro que por zonas localizadas a sotavento (observad las cornisas) y que por el fondo de depresiones y canales (itinerario en rojo). Valle de Benasque (Pirineo de Huesca). (Foto: Pere Oller)

Hay que progresar siempre por zonas seguras. El trazado del itinerario por lomas y cordales (indicado en verde) es siempre más seguro que por zonas localizadas a sotavento (observad las cornisas) y que por el fondo de depresiones y canales (itinerario en rojo). Valle de Benasque (Pirineo de Huesca). (Foto: Pere Oller)

Antes que cruzar una gran pala o ladera abierta realizando grandes diagonales (itinerario en rojo) es preferible efectuar la ascensión por un lateral (itinerario en verde), lo más directo posible haciendo pequeños "zig-zags". Si es necesario, nos descalzaremos los esquíes (tramo discontínuo de la línea verde). (Foto: Pere Oller)

Antes que cruzar una gran pala o ladera abierta realizando grandes diagonales (itinerario en rojo) es preferible efectuar la ascensión por un lateral (itinerario en verde), lo más directo posible haciendo pequeños "zig-zags". Si es necesario, nos descalzaremos los esquíes (tramo discontínuo de la línea verde). (Foto: Pere Oller)

En caso de signos de alarma

  • Respetar la distancia de seguridad (como mínimo 10 m en el ascenso).
  • En caso de subir o bajar lo haremos por la línea de máxima pendiente y en caso necesario nos sacaremos los esquís.
  • En el descenso evitar en la medida de lo posible las caídas.
  • Antes de atravesar una vertiente sospechosa buscaremos una ruta alternativa. En caso de que no sea posible intentaremos cruzar la vertiente por su parte más elevada, de uno en uno, y con el resto del grupo esperando en un sitio seguro. Para cruzar nos desataremos las correas de los esquís y palos además de una de las asas de la mochila. No está de más taparse la boca y la nariz con un pañuelo.

 Dos ejemplos de progresiones en una vertiente peligrosa

Progresión correcta

Progresión correcta

Progresión incorrecta

Progresión incorrecta

En caso de quedar atrapados por un alud

  • Hay que intentar mantener la calma e intentar huir por el lateral más próximo.
  • Si vemos que nos alcanza el alud intentaremos liberarnos de los esquís y bastones y una vez alcanzados hay que intentar nadar para así mantenernos en la parte más superficial del alud.
  • Si el alud nos atrapa adoptaremos la postura de una pelota y cuando notemos que se detiene con el brazo delante de la cara y las rodillas, intentaremos crear una cámara de aire.

Búsqueda de una víctima

Lo más rápido posible los compañeros tendrán que tratar de salvar a la víctima. Todos los miembros del grupo se pondrán el ARVA en modo de recepción mientras uno de los miembros del grupo dirige la operación desde fuera y vigila que no caigan más aludes. La búsqueda se realizará desde el punto de desaparición de la víctima observando a la vez los posibles indicios superficiales.

No podemos perder tiempo yendo a buscar ayuda hasta que no hayamos localizado a la víctima.

Es muy importante haber practicado con anterioridad el rescate con ARVA ya que en caso de accidente no hay tiempo para la improvisación.

En el siguiente esquema se puede ver como se realiza el rescate de una víctima por parte de sus propios compañeros (sistema de búsqueda en cruz con ARVA, PDF 96 KB).

Rescate de las víctimas sepultadas por un alud en enero de 1971 en el Pirineo occidental de Cataluña. (Foto: Andreu Gelabert)

Rescate de las víctimas sepultadas por un alud en enero de 1971 en el Pirineo occidental de Cataluña. (Foto: Andreu Gelabert)